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Detalle de la noticia turistica:
"... YO VOLVERÉ Y AVERIGUARÉ"
Por supuesto que en Alemania las nominaciones en su honor, abundan. Günther PLÜSCHOW nació el 8 de febrero de 1886 en Munich y murió el 28 de enero de 1931 en el Brazo Rico del Lago Argentino, al precipitarse su hidroavión.
¿Quién fue el Sr. Plüschow y cómo viene a morir cayendo en el Lago Argentino con un hidroavión nada menos? Tan insólito parece que para comprender el hecho casi habría que comenzar por explicar qué es un hidroavión. Y... ¿por qué dedicarle un boletín a este señor? Al fin y al cabo...¿quién lo conoce? Pero, precisamente porque se lo conoce poco, puede justificarse, ya, la dedicación. Un somero pantallazo biográfico llevaría muchas páginas, que excederían ampliamente el formato de este boletín. Para ratificar lo antedicho bastará mencionar que el señor es considerado héroe nacional de la Primera Guerra Mundial por los alemanes, que fue navegante, fotógrafo, cineasta, escritor exitoso y pionero de la aviación alemana y patagónica. Además, su vida tiene ribetes novelescos. Un breve relato. Se escapó del asedio japonés a la colonia alemana de Tsing-Tao (China), llevando consigo documentación secreta, horas antes de que fuera capturada por los japoneses, el 6 de noviembre de 1914.
Después de incendiar el pequeño avión en que escapó, se mantuvo fugitivo, deambulando atravesó el territorio continental chino hasta llegar a Shangai, de allí pasó sucesivamente a Los Ángeles, San Francisco, Nueva York y, después de 9 meses, recaló en Gibraltar, donde lo apresaron los ingleses. Fue preso a Londres. Se escapó al tercer día. Fugado, cuenta "...me ocultaba en Londres vestido con harapos de peón, me escondía a la noche en el Museo Británico donde leía libros de viajes a la Patagónia". El "Huno", como lo llamaban los ingleses, fue el único prisionero de guerra de los ingleses que pudo abandonar subrepticiamente el territorio insular, pero, digno final, cuando entró a Alemania lo tomaron por espía y estuvo al borde de ser fusilado. Valía la pena este escueto relato.
Pero este hombre tiene una loca obsesión, para su época al menos: quiere explorar la Patagónia. Obsesión que le nace bastante prematura en su vida. En la biblioteca del Liceo de la Marina de Guerra, hojeando un libro, se encuentra con la foto de un barco alemán recortado sobre el fondo de montañas nevadas y la leyenda: "Tierra del Fuego". Cuenta Plüschow, años más tarde "...en ese momento arranqué la postal del libro, la pegué en mi armario y juré que alguna vez llegaría y conquistaría ese lugar". La oportunidad para realizar el sueño se la brindó un amigo. Para ese entonces Plüschow, ya hombre experimentado y reconocido, había dado otro golpe de timón a su vida: se había recibido de Capitán de Buque Mercante. Enseguida fue contratado para llevar turistas por el Mediterráneo. Su mujer, que lo esperaba sin saber para cuando, recibe un inesperado y apremiante mensaje desde Grecia "...me he encontrado con mi viejo amigo y camarada Laeitz quien conducirá un crucero a América del Sur. Me ha solicitado y he aceptado ser cronista de ese viaje y filmar el mismo. Compra una cámara de fotos y una filmadora, con su manual, y envíamelos cuanto antes" Es septiembre de 1925. Plüschow embarca y parte de Hamburgo en el velero "Parma , rumbo al sur. A los 75 días está en las Islas Malvinas y el viaje continúa rodeando el Cabo de Hornos y remontando el Pacífico hasta el puerto de Valdivia. Desde Punta Arenas, un estanciero alemán le hace conocer las Torres del Paine. "¿Qué hay más allá de esas montañas?". Pregunta Günther. El estanciero responde "nadie lo sabe". Y Plüschow "yo volveré y lo averiguaré". Vuelto a Alemania, apenas tiene tiempo para cumplir con su compromiso de "Cronista" y publica "Viaje en velero al país de las Maravillas" para sumirse de inmediato y frenéticamente en la tarea de preparar el próximo viaje, incapaz de resistir al canto de la sirena que lo llama.
"Quiero ir a Tierra del Fuego y explorar sus costas, desde un velero, y su territorio, desde el aire, en un avión, escribir un libro y filmar una película para que todo el mundo pueda conocer la extraordinaria belleza de la región" informará a sus amigos y a múltiples empresas en busca de apoyo económico. Para noviembre de 1927 su propio "cúter" y el hidroavión están listos para iniciar otra aventura. El 27 deja el puerto de Büsum con su cúter, bautizado "Tierra del Fuego," mientras en el vapor Planet de su amigo y armador Laeitz, acompañado por el Ing. de abordo Ernst Dreblow sale, cuidadosamente embalado, el hidroavión Heinkel, bautizado "Cóndor de Plata", rumbo a Punta Arenas. En Puntas Arenas se reúnen y comienzan la tarea de alistar el Heinkel para sus proyectos de exploración. El 3 de diciembre de 1928 está todo listo y emprenden la primera gran aventura .Parten de Punta Arenas para "acuatizar" en la bahía de Ushuaia. Quien quiera hacer el esfuerzo de imaginar el asombro de los habitantes de la ciudad, debería reconocer de antemano su fracaso. Allí estaba, sin embargo, el Cóndor de Plata flotando en las aguas de la Bahía. Además de la satisfacción por la proeza, Plüschow y su ingeniero llevan en sus alforjas las primeras imágenes aéreas de Punta Arenas, de Ushuaia y de la Cordillera de Darwin, que sobrevolarán repetidas veces, para luego llegar hasta el Cabo de Hornos, a las Torres del Paine, el Hielo Continental, Fitz Roy...etc. Durante ocho meses, en total, permanecen en el área sobrevolando, fotografiando, filmando y arriesgando muchísimo. En Julio de 1929 ambos regresan a Alemania y Plüschow primero relata su deslumbramiento por esa "belleza desconocida", luego publica su libro "El Cóndor de Plata sobre Tierra del Fuego" y por último edita un documental mudo, pero cautivadoramente elocuente por sus imágenes. Un año después, en plena debacle financiera internacional, regresan ambos al sur, pero primero hacen escala en Buenos Aires, proyectan la película con un subtitulado en castellano y presentan la edición castellana del libro. En Punta Arenas se reencuentran con el "Cóndor". Está seriamente deteriorado. Las ratas se han hecho un festín con el entelado del ala izquierda. Pero eso no constituye un problema que pueda arredrar a estos intrépidos exploradores. Bien pronto estuvieron otra vez en el aire, el avioncito sacudido por los fuertes vientos primaverales, aprovechando ellos los escasos momento de serenidad para fotografiar y filmar. Buscando refugio más seguro, a mediados de enero mudan el campamento de Lago Sarmiento (Chile) a Ensenada Rico sobre el brazo del Lago Argentino y los habitantes del " pueblito" de El Calafate serán testigos, casi a diario, de las piruetas del Heinkel.
Pero el mal tiempo no sólo continúa, sino que arrecia y el "Cóndor" está malherido. El 24 de enero salvan sus vidas por muy poco "...el avión era tomado como por un puño y lanzado hacia abajo más de 500 m....alrededor nuestro sólo hielo y amenazantes paredes rocosas...el motor dice ¡basta!!! Y alcanzo a descender planeando con el indicador de combustible marcando cero...He vencido el último cerrojo siniestro de este mundo de la Edad del Hielo" escribe en su diario el día 25. Que no se dieran por vencidos, no significaba que hubieran vencido. Lo confirmarán al día siguiente. Sobrevolando una pequeña laguna de un kilómetro de largo por unos 300 metros de ancho, circundado de paredes rocosas de unos 800 m. de alto, un torbellino repentino los derriba. Logran acuatizar, pero una roca que no pudieron evitar, inflige serias averías al hidroavión. La situación es tan comprometida que Plüschow anota que quizás esté escribiendo para la posteridad. No obstante, después de horas de trabajo, semisumergidos en el agua helada, las averías del flotador parecen estar reparadas provisoriamente y programan despegar el día 27 por la tarde. Tres intentos fallidos al hilo los convencen de que no podrán con la fuerza del viento y postergan para el día siguiente. Pero al día siguiente una nueva amenaza ensombrece aún más el panorama: grandes bloques de hielo se desplazan por la laguna, arriados por el viento. ¡ Pero de esa cárcel hay que salir sí o sí!. ¡Motores a fondo! Y el estropeado "Cóndor de Plata" eleva la trompa y despega una vez más. Será para su breve y último vuelo.
"Volvió, averiguó y"... dio a conocer al mundo la extraordinaria belleza de la región". Ese fue Günther Plüschow |
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