Detalle de la noticia turistica:
¿Cómo se conjuga todo esto?
La Antártida oculta misterios que mucho cuesta develar, pero es, además, y precisamente por eso, un destino turístico que todos quisiéramos poder visitar.
Quienes la han visitado, una o más veces, normalmente se trata de viajeros de muy amplia experiencia, afirman que es el atractivo más hermoso, espectacular y cautivante del planeta.
La Argentina tiene una relación totalmente particular con ella, por múltiples razones.
Como país es uno de los que, geográficamente, más próximo se halla.
Es uno de los primeros que asentó allí bases permanentes.
Ha contribuido ampliamente, con seria y desinteresada investigación científica, a su conocimiento no sólo a través de esporádicas exploraciones, sino con la instalación prolongada de equipos científicos en sus bases permanentes.
Y, lo que particularmente nos atañe, como resultado el prestigio logrado, de una correcta estrategia y mejora en la calidad de los servicios se ha posicionado a Ushuaia como el centro de apoyo casi exclusivo (90%) del creciente número de cruceros que llevan visitantes a la Antártida.
Pero ninguna de estas, sino otra razón, de carácter humanitario y heroico, es la que motiva la placa.
Todavía las aguas antárticas no se navegan sin riesgo. Las circunstancias, en el momento al que alude la placa, eran sumamente diferentes, es decir, los riesgos eran mucho mayores.
La magnitud de los riesgos que se asume van a la par del interés que se tiene.
Otto, sueco y de probable sangre vikinga, quería ser un "Adelantado" en la Antártida. Asumió los riesgos previsibles y organizó una expedición científica que debía permanecer unos nueve meses en el continente blanco.
El 10 de enero de 1902, el barco "Antartic", capitaneado por Larsen, con una tripulación de unas 27 personas, entre científicos (el alférez José María Sobral uno de ellos) y marineros, en Monte Nevado, cerca de nuestra actual base Marambio, desembarcó a Otto y a cinco miembros más de la expedición.
El Antartic tomó luego rumbo norte para pasar el invierno en las islas Georgias del Sur (o Malvinas?), retirado de la zona de los hielos.
El plan era regresar a Monte Nevado en el próximo mes de noviembre para recoger al grupo desembarcado.
Cuando lo intentan, encuentran que un "pack" de hielo infranqueable les cierra el paso y les impide hacer el rescate. Nuevamente toman rumbo norte. El 29.12.02, en la punta septentrional de la Península Antártica, paradojalmente llamada Bahía Esperanza, tres miembros desembarcan con el propósito de reunirse por tierra (hielo) con el grupo varado en Monte Nevado. No lo consiguen y deben volver a la bahía de donde partieron, permaneciendo ellos también aislados durante nueve meses.
Mientras tanto, el Antartic realiza un nuevo intento para rescatar al grupo en Monte Nevado. Fracasa estrepitosamente. Al este de la isla Joinville es aprisionado por el hielo que, en su deriva, lo arrastra hacia el sur.
Paulatinamente el hielo estrecha su abrazo mortal. La estructura de la nave se estremece y cruje de proa a popa. Resiste hasta el 12 de enero de 1903. Toda la tripulación tiene que abandonarla y refugiarse en un témpano. Derivan con él durante 14 días hasta que, milagrosamente, los deposita en la isla Paulet. Aquí se produce el único deceso de la expedición: Wannersgaard fallece el 7 de junio.
La situación no podía ser peor. Todos los tripulantes de la expedición aislados en tres grupos distantes entre sí, ignorantes de su mutua suerte, el Antartic tragado por el mar, víveres escasos, clima muy riguroso con un invierno por delante, resguardos precarios y ningún medio de comunicación.
La carencia de noticias genera preocupación en toda Europa y se inician preparativos para un eventual rescate.
Había gran premura, por cierto, pero las dificultades para organizar el salvataje eran aún mayores.
En Buenos Aires, el Perito Moreno, a la sazón Director del Museo Nacional de La Plata , lanza, en el diario La Nación del día 6.5. de 1903, un llamado y exhortación al gobierno nacional para que acuda en ayuda por razones humanitarias y para " gloria de la nación".
Julián IRIZAR nació el siete de enero de 1869, ambos progenitores españoles, en la localidad de Exaltación de la Cruz. En marzo de 1884 ingresó a la Escuela Naval, que una década antes había creado Sarmiento.
Realizó una carrera ejemplar en la Armada, pero que casi quedó trunca cuando el cazatorpedero "Rosales", integrante de la escuadra que concurría a España para participar de los festejos del IV Centenario del des cubrimiento de América, naufragó ante las costas uruguayas con un luctuoso saldo de desaparecidos. De los tres botes que abordó la tripulación, uno sólo alcanzó la costa. Lo conducía Irizar.
Cuando se planteó la organización del Salvataje, la Armada Argentina no contaba con personal experto en la navegación de las aguas antárticas. Tampoco se poseía la información ni los elementos materiales para encarar semejante empresa. Además, llevarla a cabo en época invernal era algo más que un desafío al destino.
Se decidió entonces comisionar al Teniente de Navío Irizar a Gran Bretaña para que recogiera la información acopiada por la expedición Discovery de Scott que todavía navegaba las aguas australes elaborando una completa cartografía marítima.
Mientras tanto, se despachó a los Arsenales de la Marina a la cañonera "Uruguay" para reforzar con planchas de acero su casco, crear compartimentos estancos para mejorar su flotación y forrar con corcho, como aislante térmico, su interior.
A Irizar, a su regreso de Gran Bretaña, se le asignó la comandancia de la expedición.
Para principios de la primavera de 1903, las modificaciones a la corbeta Uruguay habían terminado Despedida por el presidente Roca y una esperanzada multitud, zarpó el 8 de octubre para el temible destino. El 20 ya fondeaban en Ushuaia donde tenían orden de aguardar hasta el 1º de noviembre. Parten ese día y el comandante anota:
"...el monte Olivia entre nubes se va perdiendo, la nave orgullosa empieza a surcar el Canal de Beagle. Paso Mackinley e Isla Gable van quedando atrás. Luego de unas horas de navegación, con la isla Picton a estribor, pone proa al sur. Las tierras se alejan, se hacen difusas...Siempre a estribor, el Cabo de Hornos se va confundiendo con el cielo y el mar, de allí en adelante pocas veces volveríamos a ver el sol"
Con viento en popa, la Corbeta llega a la isla Seymour el día 7 de noviembre donde recoge los primeros náufragos. Dos de los tres que habían descendido del Antartic en Bahía Buena Esperanza, porque el tercero, Andersen, volvió a intentar la travesía a Monte Nevado. Esta vez lo logró, justo días antes de que se aproximara la silueta de la Uruguay.
Después, relata el comandante: "Inmediatamente resolví trasladarme a la estación de invierno de Monte Nevado, distante de donde estábamos 17 millas...seguí a pié con el Teniente Yalour ( de la tripulación de la Uruguay), el Dr. Bodman (meteorólogo) y el cocinero de la estación de invierno, que eran lo (dos) encontrados en la carpa. Después de siete horas de marcha llegamos a la cabaña (de Monte Nevado) de la que salieron el Dr. Otto Nordenskjöld, el capitán Larsen, el alférez Sobral y los demás compañeros de la comisión invernadora (sic). El diez los embarqué...y zarpé para la isla Paulet, donde tomé el día once al resto de la tripulación del Antartic, emprendiendo el regreso".
Es el científico sueco carl Skottsberg, quien relata ahora:
"...cuando la Uruguay el 11 de noviembre a las cuatro de la madrugada nos despertó con su silbato frente a nuestra choza, no pudimos menos que gritar: VIVA LA ARGENTINA"
Pero, una de cal y una de arena.
El día 12 el mar se enfurece agitado por vientos huracanados de gran intensidad. El vendaval no amaina, arrecia. El día 15, la odisea parece irremisiblemente destinada a convertirse en tragedia: el palo mayor y el trinquete, los masteleros, las gavias y las velas fueron arrasadas por el viento, dejando a la Uruguay prácticamente desarbolada, con solo la mesana intacta.
Felizmente fue un episodio más de la odisea.
El día 22 a las 9 p.m. desde Rio Gallegos por telégrafo notifican al Ministro de Marina:
"Tengo la satisfacción de comunicarle que en este momento fondea en Santa Cruz la corbeta argentina Uruguay habiendo encontrado en la isla Seymour dos miembros de la expedición y en las tierras de Luis Felipe al doctor Nordenskjöld, alférez Sobral y demás tripulación del buque sueco, que trae a su bordo".
Al difundirse la noticia las felicitaciones para Irizar y su tripulación literalmente llovieron y "el nombre de la Republica Argentina se repitió con simpatía y elogios en todos los periódicos del mundo".
Quedan resumidos los reconocimientos en el mensaje del Rey de Suecia, Oscar II, al Presidente Julio A.Roca, el 24 de noviembre:
"Servíos recibir mi agradecimiento sincero por la buena nueva. Envío mi homenaje a los valiosos esfuerzos de vuestro gobierno a los cuales debemos la salvación de nuestros compatriotas. La nación sueca participa conmigo de un sincero reconocimiento hacia el valiente capitán de la Uruguay y su tripulación." OSCAR.
Cuando en 1953 la Sociedad Geográfica Sueca colocó la placa en la escuelita Nº 1 de Exaltación de la Cruz, Irizar no estuvo de cuerpo presente. Había fallecido el 17 de marzo de 1935. Habría suscrito con gusto la última línea de la placa: "POR LA HUMANIDAD Y POR LA PATRIA".
Cien Años de Turismo Argentino
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