La nueva terminal de Heathrow
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El 27 de marzo comenzará a operar la nueva terminal del aeropuerto de Heathrow, en Londres. La costosísima obra encarada por British Ariways es un hito en la historia arquitectónica de los aeropuertos y se pone a la cabeza de una etapa en que la tecnología recupera para los pasajeros el placer de volar. El mundo global se anunció en los aeropuertos: un solo mundo, un solo aeropuerto repetido en cada rincón del planeta. Una arquitectura homogénea anunció el fin de las fronteras; un estilo que es no estilo (colores, líneas, materiales e iluminación neutros, despersonalización de los pasajeros, idioma...
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Pero nada es para siempre. Bienvenidos a la nueva era, que aprovecha los recursos globales pero supera la moda de la globalización: acaba de ser inaugurada la Terminal 5, la terminal del aeropuerto londinense de Heathrow. Es la nueva casa de British Airways y como tal reunirá la gran mayoría de los vuelos de la compañía, con lo que se registran mejoras importantes en la puntualidad, la entrega de equipajes y sobre todo, se facilita la conexión de vuelos, ahorrándose la mayor molestia de los megaaeropuertos, el traslado interminable entre diferentes puntos de embarque y desembarque. La playa de estacionamiento puede contener 4.000 vehículos. Conectado con la T5 se ha construido un hotel 5 estrellas con 600 plazas.
La T5 es también un hito arquitectónico, tan personal como imperial, tan majestuosa como única, heredera de los aeropuertos del siglo XX y de las magníficas estaciones ferroviarias del siglo XIX.
En el ground level de la T5 todo funciona con la perfección asombrosa de la tecnología del futuro. Arriba, el espacio bajo el techo es tan gigantesco y luminoso que podría albergar una bandada de ángeles volando. El edificio —uno de los más grandes del Reino Unido— mide 400 por 180 metros y 43 metros de altura. Podría contener 50 canchas de fútbol. Para construirlo hubo que desviar dos ríos y se necesitaron 80.000 toneladas de acero y hectáreas de vidrio. Costó cerca de 6.200 millones de euros. Por ella transitarán unos 30 millones de pasajeros.
La T5 es cuatro veces más grande que la T4, que era la más usada por British Airways, pero no es sólo una cuestión de dimensiones. La fuerte personalidad de la T5 la hará tan inconfundible como familiar, y esto fue decidido cuando se contrató al genial arquitecto Richard Rogers, un titán que quedará en la historia como el autor del Centro Pompidou en París, el nuevo distrito financiero de Shanghai, la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas, los edificios Lloyds y Grand Union y el Channel 4 de TV en Londres y la sede de Asamblea Nacional galesa de Cardiff.
La belleza del edificio provoca un sentimiento que se ha perdido: las ganas de estar en el aeropuerto. El bienestar comienza con las ventajas tecnológicas. También es el fin del tránsito triturador de pasajeros: desde que el pasajero se presenta para hacer el check in hasta que está liberado de trámites y valijas, no han pasado más de 10 minutos. En la T5 casi no se hace cola. Habrá hecho el check in en un self service kiosk: dispositivo en que uno puede hacerlo todo por sí mismo (aunque también hay mostradores con asistencia personalizada; los self service kiosk son 96 y los mostradores son 140). Puede elegir el asiento, despachar equipajes chicos o cambiar de vuelo. Unos pasos más adelante entregará el equipaje a uno de los sistemas de despacho más asombrosos, rápidos y seguros del mundo (puede manipular 12.000 valijas por hora, con 18 kilómetros de cinta que corren a 90 kilómetros por hora). El control de seguridad registra a los pasajeros mediante su huella dactilar.
"Quisimos que la gente tuviera ganas de estar en nuestro aeropuerto", sostuvo Oliver King, gerente general para América latina y el Caribe de British Airways. El corazón de la T5 es una plaza con árboles y fuentes rodeados de cafés. De allí irradian galerías que conforman un shopping mall sideral, con más de un centenar de locales de firmas como Versace, Tiffany, Harrods, Prada, Valentino, Smythson, Mulberry y Coach. Otro eje del bienestar el sistema más sofisticado de lounges que haya en cualquier aeropuerto del mundo, con capacidad para albergar 2.500 pasajeros. En el Condorde Room puede uno servirse los vinos más finos, mantener reuniones en recintos exclusivos o hacer el trámite que necesite, desde reservar una habitación en un hotel de Piccadilly ave. hasta comprar tickets para el Jazz Festival de Montreal. Puede uno pasar un rato celestial en los Elemis Travel Spa o en el área de hidroterapia, que contará con 94 duchas (en tanto, la tintorería le está teniendo listo el traje). Y donde sea que esté, estará iluminado por la luz del sol, porque las infinitas paredes son de vidrio. Desde los pisos superiores, el pasajero que ha recibido unos masajes reparadores y ya viste su traje impecable, se detendrá a contempla por la pared de vidrio las pistas del aeropuerto, con los aviones despegando y aterrizando, los campos que las rodean y, en la distancia, el Castillo de Windsor. Parece lejano, pero la T5 es la terminal más cercana a Londres y un monorriel lo dejará en el centro en 20 minutos.
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